20.12.06

Mi casa, en la brecha digital

Mi último post data casi de la prehistoria. Desde que me rompí la pierna en junio y se me quitaron las ganas de postear, de la mala leche que me entró, han pasado muchas cosas. Entre ellas, que me volvieron a dar ganas de escribir en este mi blog y que no pude. ¿Por qué? Os cuento.
Todos habréis oído hablar de la brecha digital, ¿no? Su ubicación exacta no se conoce, pero yo he caído en ella. No viene en ningún navegador, no aparece en ningún mapa, ningún ayuntamiento reconoce que esté en ninguna de sus calles o zanjas. Pero yo me la he encontrado de bruces. El pasado mes de julio nos entregaron nuestra nueva casa, un adosado en el barrio getafense de Perales del Río. A escasos 10 minutos de Madrid, a 20 de la calle de Serrano donde trabajo, mi nueva vivienda está sumida en la brecha digital. El 19 de julio solicité línea telefónica y ADSL a Telefónica. Me dijeron que sí, ya mismo, cosa de tres días. Luego me dijeron que faltaba instalar un no sé qué y que tardarían una semana. Luego que un mes. Luego, que hasta septiembre, nada... Hablé con otros operadores, cono ONO, con otro, pero los que más pronto se comprometían a echar un cable dentro de esta puta brecha nos lo hacían para diciembre, como pronto. Estamos en diciembre. Telefónica sigue sin dar servicio ADSL -nos ponen línea telefónica fija pero les he dicho que sin banda ancha, ya pueden metérsela por lo más estrecho- y las demás, directamente, ni llaman para ofrecer sus servicios aunque sea por error. Miento: Orange llamó y dijo que tenía una oferta de ADSL, fijo y tal. "Qué bien", dije yo, irónica, escéptica, "me la quedo". La operadora encantada me pidió el código postal, la calle, en fin, y me dijo, "ay qué pena, allí no puede ser". Si ya lo sabía yo. Aquí estamos en la brecha digital y tal. Africa empieza en Perales del Río. Con todos mis respetos para Africa y sus gentes que son maravillosas (¿verdad, Yirgalem?) y no se merecen lo que padecen. En fin, esta es la explicación de por qué mis posts se han retrasado tanto y por qué mi blog ha estado a punto de desaparecer del mapa. Pido mil disculpas. Os preguntaréis: ¿pero entonces ya tienes ADSL? Pues no exactamente. Tengo un módem 3G de Vodafone, que va más lento que un ADSL normal, que cuesta una puta pasta, pero es lo único que me conecta al mundo. Habrá quien diga que soy adicta a internet... seguro que quien me lee no entra en casa sin encender la luz, poner la tele, calentar un caldo en el microondas o tiene el jodido vicio de ducharse por la mañana con agua caliente. Y nadie considera por eso que sea adicto a la energía eléctrica o al agua caliente, ¿verdad? Internet es un servicio básico, como la luz y el agua. Sin él, en estos tiempos, somos un pedacito de tercer mundo en el Madrid del siglo no sé cuántos. Qué país.

13.6.06

La puta barra


Me había matriculado para sacarme el A y poder pasar del 125 al 250, el cuarto de litro. Había hecho mi primera práctica de maniobras, y ya me pareció que era una gilipollez aquello de subir en una barra metálica tan estrecha como las ruedas de la moto para demostrar, después de hacer ochos, tréboles y filigranas, que sabes mantener el puto equilibrio. El segundo día, seguía sin conseguir hacer bien lo de la puta barra esta. "Dos vueltas más y terminamos", dijo Manolo, mi profe, que ya me había incluido en la lista de examinandos para el 14 de junio. En la última vuelta, no sé cómo, me caigo de la puta barra. Todo fue un segundo, menos de un segundo. Quedo boca abajo en el asfalto del recinto, y la moto (SR 250) se viene sobre mí, golpeando limpiamente, como un cascanueces, con el bloque del motor, mi tobillo derecho. Cruje. Grito. Me cago en la hostia puta. Cómo duele. Me levantan la moto, "es un esguince", dice Manolo. Pero yo sé que me lo he roto porque nada me ha dolido igual en la vida, y he tenido esguinces por un tubo. He tenido cólicos nefríticos, he echado cuatro muelas del juicio y he parido dos hijos. Nada me ha dolido tanto. Está roto. Joder, se me ha roto el puto tobillo en la puta barra. Me cago en la puta. No salen de mi boca nada más que palabras bellas en esta bella mañana del 8 de junio de 2006, en la que ya aprieta el calor y mi tobillo se hincha ante mis ojos. Me quito el casco y lo tiro, me quito los guantes y los arrojo a doscientos metros. Cómo duele. No lloro pero me estoy cagando en todo lo que se mueve: en tráfico, en la SR y en mi maldita mala suerte. Ahora convalezco en mi casa, pie en alto, moral más bien baja, convertida en mujer dependiente, sin poder salir al parque con mis hijos, sin poder trabajar con lo que eso distrae, sin poder pasear con mi Majesty 125 que me mira desde el fondo del garaje para decirme: "Te lo dije. Eso te pasa por irte con otras. Yo nunca lo haría. Te lo dije". Cabrona. A ver ahora quién te saca de paseo a lucir culito por la calle de Serrano. Cabrona.

5.5.06

La ley de Murphy y la ropa interior limpia


El título es largo, sí, pero la cosa lo merece. A saber: la aplicación de las famosas leyes de Murphy al tráfico sobre dos ruedas llevan al siguiente axioma: la probabilidad de tener un accidente es inversamente proporcional al grado de limpieza de la ropa interior del conductor. Es más, la gravedad del accidente será asimismo inversamente proporcional al grado de higiene personal del individuo accidentado.
En la práctica, es algo parecido a la famosa "probabilidad de Bridget Jones": cuanto más fea sea tu ropa interior, más probable es que eches un polvo. En moto, y aplicado a la siniestralidad vial, este principio supone que es más probable tener un accidente grave cuando llevas esas bragas viejas que llevas años diciendo "a ver si las tiro de una vez", o cuando no has cambiado los calzoncillos porque olvidaste poner la lavadora y no tienes ninguno limpio. En el caso de las mujeres, también es más probable tener un accidente grave cuando llevas dos meses sin depilarte las piernas y varios años sin hacerte las "ingles brasileñas". Justo el día en que vas a la esteticista a hacerte la cera, se alcanza el máximo grado de peligrosidad, y hay un alto número de posibilidades de caerte, de que tengan que llamar al samur, y de que un médico que está buenísimo te abra la pernera del pantalón más caro de tu armario con unas tijeras quirúrgicas y descubra -¡oh, cielos, qué horror!- que tienes las mismas piernas que Hugo Sánchez.
Por eso, además del casco, las autoridades deberían recomendar una depilación a tiempo y llevar siempre ropa interior nueva y limpia. Seguro que los accidentes de tráfico se reducirían a la mitad.

9.4.06

Mi mecánico


Mi mecánico se llama Oscar. Es un tío legal aunque haya maledicentes que dicen que usa piezas de motos robadas. Yo creo que utiliza repuestos útiles de los desguaces y que los adquiere legalmente, pero ya se sabe lo que son las malas lenguas. Malas.
Tiene esa cualidad inherente a los mecánicos de motos de todo el mundo: el exhibicionismo. No es un exhibicionismo como el del fonta, que mucho antes de que se pusieran de moda los pantalones de cintura baja ya andaba enseñando el calzoncillo y la rabadilla peluda. Es un exhibicionismo laboral, profesional. Te dice "pásate por aquí a las siete que te tengo lista la moto", y cuando llegas está en faena: la moto destripada, calculas cuánto tiempo tardarías en meter todas esas piezas en su sitio y te preguntas si todo lo que hay desparramado por el suelo es de tu moto porque asegurarías que no hay sitio para tanto. "Espera un minuto que termino", me dice, a pesar de que insisto en que no, que mañana la recojo, que es muy tarde, que no tengo prisa. Y el caso es que tengo prisa porque me he dejado a los niños y a su padre con la mesa puesta y les he dicho: "Es un minuto, id comiendo que es aquí al lado, me ha llamado el mecánico y dice que ya la ha terminado". Pienso en mi cena humeante, y pienso que se me va a enfriar. Y pienso que mi marido pensará que me he liado con el mecánico, que qué cojones hago tres cuartos de hora después de irme que no he vuelto...
Pero el Oscar no me deja marchar. "Es un minuto...". Y se dedica a hacer un reality show con mi moto. "Mira, del alternador no es, lo he sacado entero y no parece que sea de ahí. Lo normal es que hubiera cascao pero no...". Claro, por eso le has sacado las tripas a la pobre moto...
"Esto va a ser del regulador". Y lo saca -él, que ya había terminado, él, que había dicho "pásate por aquí"-, y lo mira y lo remira. "Pues sí, mira como está este cable. Toca", y yo no aprecio nada particular en el cable, salvo que como los demás, tiene más mierda que el palo de un gallinero.
"Hay que cambiar el regulador, pero tengo que pedirlo". Dios, un mes sin moto, pienso. A todo esto, el tiempo pasa, mis hijos ya han cenado, su padre les ha leído un cuento y les ha lavado los dientes. Están en el primer sueño, calculo. Y yo, que necesito la moto para verles un poco antes cada día después de currar, me veo un mes en metro muerta del asco llegando cuando se acuestan y perdiéndome hoy la cena con ellos y el cuento. "Bueno", dice, "te puedo poner el regulador de la mía para que vayas tirando y cuando tenga el repuesto, te llamo y se lo pongo". Vale, vale, con tal de no estar un mes en el dique seco... Y allí mismo, delante de mí, mientras mi familia se pregunta si he sido abducida por extraterrestres y están a punto de llamar a la policía y los hospitales, Oscar me hace una nueva demostración de pericia mecánica, extrayendo de su polvorienta majesty -azul, la mía es gris- un regulador más bien mohoso pero de mejor aspecto que el mío, y colocándolo con resuelta determinación en mi moto. Aquí hay que observar que su resuelta determinación no está reñida con una meticulosidad de cirujano oftalmólogo. Y tarda... Al final llego a mi casa como si me hubiera ido de farra solo que sin borrachera, sin juerga y sin amigos. La casa está igual de oscura y mi marido me ha dejado la cena en la cocina, con un cartelito de "vi que tardabas y te dejé esto, me muero de sueño, tq".

20.1.06

El sexo de la M-30


Como diría el alcalde, las obras de la M-30 van a mejorar la calidad de vida de los madrileños -cuando acaben, claro- pero además van a permitir poner en valor elementos que formaban parte de nuestra ciudad pero que se encontraban ocultos por el tráfico y por la propia vía.
En este caso, no nos estamos refiriendo a los más de 300 hallazgos arqueológicos aparecidos durante las excavaciones sino a que las obras han puesto al descubierto, para que todo el mundo lo vea el sexo de la M-30. No podía ser otro, se ve que es hembra, para eso no hay que ser sexador experto, pero me pregunto si Ruiz-Gallardón venderá el hallazgo a la prensa como cuando encontró el Goya que luego resultó ser Maella o como aquel caballo que compró, al que llamó Madrid pero que se llamaba Remondo.
Entiendo que la señalita viene a intentar evitar los frenazos de los conductores que no sabían si dejar la isleta a la izquierda o a la derecha, pero ahora se frena porque con la risa uno levanta el pie, no se le vaya a escapar la gotilla...

15.1.06

La caída


Me he vuelto a caer. Siempre, con la primera lluvia, esa que forma el famoso barrillo de todos los manuales de conducción, me caigo. Esta vez paró la culpable: una mujer a bordo de un Citroën cuya póliza -espero- correrá con los gastos del rascón. La torta me la pegué en diciembre, pero me daba pereza y la cuento hoy. Iba por mi derecha y me salió de una bocacalle de la izquierda, para quedarse casi en parado delante de mí al incorporarse a mi sentido. Y claro: pitas, frenas y bloqueas. Todo el mundo al suelo. No me hice nada aparte de la tortícolis que se me quitó en un par de días, pero la moto se rascó un poco y estoy esperando que la compañía de ella se haga cargo de la cosa. Espero que sea pronto porque la Majesty está muy fea ya y necesita un repaso...
Los reyes magos me han echado una cámara digital, ¡por fin!, así que podré ir enviando fotos propias, bueno, en el caso de que tenga tiempo de hacerlas, claro. Porque mira que hace tiempo ya que pasó lo del cacharrazo y sigo sin mandar fotos.
En fin, tened cuidado con el agua y con la gente del "ay, no te he visto", y feliz año.

17.12.05

Frío


Casi como una premonición, cuando el pasado día 8 de diciembre subimos a Navacerrada y allá en lo alto vimos aparcada una Majesty pensamos: No pongo mi mano en el fuego por que arranque... Pues ayer, la mía no arrancó.
No me ocurrió a mí, afortunadamente. Ya me dejó tirada el año pasado en la calle del Codo (al lado de la calle Mayor de Madrid) y tuve que llamar a la grúa porque en esa calle, aunque tengas pinzas, a ver a qué las enganchas, no caben los coches. Bueno, pues ayer se la dejé a mi marido que tenía una fiesta de Navidad por la calle Bailén, y la aparcó al ladito del viaducto. Al abrigo, vamos ;-). Y cuando a las dos y cuarto de la madrugada le dijo 'vámonos pa casa que tengo sueño', la majesty ya dormía el sueño de los justos. El reloj se había parado. Batería a cero. Grúa al canto.
Luego el de la grúa, que tardó lo suyo mientras Javier paseaba por esa celda en la que se convierte la calle cuando quieres estar en casa, no sabía dónde estaba la batería, y tuvieron que buscarla en el libro de instrucciones. Pinzas y para casa. Ahí la tengo, la pobre, en el garaje. Tengo que ir a trabajar el lunes y no sé si arrancará, pero me voy a comprar unas pinzas hoy mismo y la engancho al Xsara dos horas hasta que cargue como es debido. Es muy malo el frío, muy malo. Y yo tengo cenas de navidad el lunes, el martes y el miércoles. No pienso beber, pero a la moto bien le vendría una copita de aguardiente... Feliz Navidad.